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Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg dos “farsantes” que se quieren

Son pareja hace siete años y, por primera vez trabajan juntos: comparten varias escenas en la tira de El Trece y acaban de filmar “El 5 de Talleres”. 


Se conocieron actuando, hace siete años, y sin embargo nunca habían trabajado juntos. Desde entonces, Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg se conquistaron, se pusieron de novios, decidieron convivir, adoptaron un perro, tuvieron un hijo, pero no habían trabajado juntos... Hasta ahora.
Y el debut en ficción de la pareja, que tanto se había hecho esperar, llegó este año y por partida doble. Primero en cine, cuando hace unos meses filmaron El 5 de Talleres, película en la que compusieron un matrimonio entre un jugador de fútbol y una “botinera”, aunque el resultado de ese trabajo se podrá ver, estiman, recién el año que viene. Y luego de la filmación, les llegó la hora de la grabación compartida: la televisión les dio la chance de compartir pantalla, como Antonio y Sonia en Farsantes (a las 22.45, por El Trece). Allí, aunque no son pareja, mantienen una relación de amor-odio permanente, entre insultos y una tensión sexual que de vez en cuando se hace carne.
“Laburar juntos fue lo más natural del mundo, era medio obvio que íbamos a trabajar bien y que nos íbamos a llevar bien, porque nos gustan más o menos las mismas cosas”, dice Lamothe. Zylberberg explica que, en realidad, “lo complicado era meter al baby en todo esto... el tema de la organización familiar”.
El baby es Luis Ernesto, el primer hijo de la pareja, que con apenas 10 meses de vida tuvo que adaptarse al vértigo de la profesión de sus padres, estos dos jóvenes actores que, dicen, no podían darse el lujo de rechazar ninguno de los proyectos para los que fueron convocados.
“¿Cómo hacés para decirle que no a una tira como Farsantes, o a una película de (Damián) Szifron (ella filmó Relatos salvajes)?”, se pregunta Zylberberg.
En el programa, sus personajes mantienen una tensión sexual fuerte, pero también suelen llevarse como perro y gato. ¿Aprovechan la ficción para hacer catarsis?

Lamothe : Claro, aprovechamos para bardearnos. Lo que no le digo en casa se lo digo acá, al aire.
Zylberberg : Totalmente, aprovechamos para sacarnos las broncas de la noche anterior (ríen).
Lamothe : Tiene mucho que ver la confianza, porque más allá de que hacemos lo que dice el libreto, hay permisos que quizá con otra actriz uno no podría tomarse. A otra actriz yo le tendría que preguntar “Che, ¿te molesta que te diga esto?” . En cambio, a ella no.
Imagino que siempre hay que tener cuidado para que esos permisos no se conviertan en un arma de doble filo.

Zylberberg : Claro, yo después lo agarro en casa y le digo “ Lo que me dijiste en tal escena la verdad que me rompió las pelotas” (ríen). Pero no, la verdad que no pasa, y eso está espectacular. Hay como una licencia absoluta que uno tiene con el otro y eso es hermoso.
Más allá de las licencias a la hora de actuar, ¿de qué manera repercute a nivel personal el hecho de trabajar juntos?

Zylberberg : Compartir con tu pareja un lugar alejado de lo familiar está bueno también. A mí me divierte andar por el estudio y de repente cruzármelo a él. Porque justamente no solemos tener a nuestro hijo ahí, no tenemos una obligación familiar cuando estamos en el trabajo y eso lo hace divertido. Vamos, nos fumamos un pucho, charlamos…Lamothe : A priori parecía que iba a ser una odisea, pero la verdad que hemos sobrevivido muy bien. No tenemos tiempo ni para pelearnos, eso también es cierto.
Zylberberg : Aparte cuando vos hacés tira, y tu pareja también, suele pasar que no le ves la cara al otro en todo el día, porque mientras vos grabás 12 horas en un lugar, tu pareja de repente se pasa 10 horas en otro. Entonces, en este caso, compartir y vernos la cara durante el día también es un privilegio que nos da el hecho de laburar juntos.
Para cualquier actor, el ritmo que exige la grabación de una tira es lo suficientemente agotador por sí solo -según dice la mayoría de los actores-, pero si a eso se suma la crianza de un bebé de 10 meses, el desafío se pone realmente interesante. “Desde que nació Luisito no sabemos lo que es dormir seis horas seguidas”, comenta Zylberberg, con cierta nostalgia por los viejos tiempos. Pero en seguida le brillan los ojos cuando empieza a hablar de su hijo y no puede, ni quiere, ocultar el orgullo que eso le provoca.
Dice que el nene “es una dulzura total y tiene un buen humor impresionante. A veces me voy llorando de mi casa cuando sé que lo dejo unas horitas, pero es lindo y renovador cuando vuelvo”, dice la ex actriz de Condicionados.
¿Les costó mucho combinar tanto trabajo con la incipiente paternidad?

Lamothe : La clave fue incorporar al bebé a nuestra vida, porque, si no, te convertís en esos padres que no salen porque a las ocho él tiene que estar durmiendo... Y sí, tiene que dormir, tiene que comer, y uno tampoco puede andar cachivacheando con el bebé para todos lados, pero igual hay que seguir adelante, porque si no… Zylberberg : Somos jóvenes, trabajamos, tenemos un hijo, y bueno, hay que incluirlo. Sí extrañamos poder mamarnos y acostarnos a las cinco de la mañana sin culpa. Ahora a las nueve lo tenés a Luis con unas ganas de vivir impresionantes, que te llama para que le propongas 200 juegos distintos. O sea, el precio de pasarte un poco una noche es estar limado al día siguiente.
Lamothe : Olvidate, la resaca la pagás carísima. La pagás en dólares.
Recién decían que no tienen tiempo ni para pelearse. Parece que tampoco tienen tiempo para aburrirse.

Lamothe : A mí me parece que nuestra vida real es mucho más divertida que la de ficción.
Zylberberg: Sí, pero también porque yo concibo el amor de esa manera. Yo necesito considerar mi vida y mi pareja divertidísimas. Por supuesto que te pasan cosas y no podés estar jodiendo todo el tiempo, pero me parece algo imprescindible divertirme. Y los dos lo consideramos de la misma manera.
Lamothe : Somos más graciosos en la intimidad que en la ficción. Me parece que nos sabemos divertir y nos unió mucho el hecho de darle tanta importancia al boludeo . O sea, tomarte tan en serio el boludeo como un trámite de la AFIP o la muerte de un ser querido.
Zylberberg : Para nosotros, el boludeo es esencial.
Clarin.

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